miércoles, 17 de agosto de 2011

La migración a software libre. The soft revolution

(Texto originalmente publicado en el número 21 de la revista Ladinamo de marzo de 2006) 


Algo está cambiando. Los usuarios domésticos, las empresas y las administraciones públicas se están dando cuenta de lo importante que es utilizar sistemas abiertos para la gestión y transmisión de la información. Hasta la ONU parece estar por la labor: según Dominique Ouredrago, inspector de Naciones Unidas participante en la segunda Conferencia Internacional de Software Libre celebrada en Málaga, “la ONU recomienda la utilización y el fomento del software libre tanto en el seno de la organización como entre los países miembros” porque “es el vehículo más adecuado para su desarrollo, especialmente en materia de salud, educación y comercio internacional”. No obstante, tanto las presiones de los lobbies pro-Microsoft como la costumbre de usar Windows dificultan el paso al software libre.
Los modelos de software libre son abiertos y gratuitos. Se trata de sistemas operativos y programas de gran calidad capaces de satisfacer las necesidades de todo tipo de usuarios, creados tradicionalmente por una comunidad global de activistas entusiastas y, más recientemente, por importantes empresas de todo el mundo. Pero si el software libre es tan robusto y versátil, ¿por qué no acaba de imponerse a los sistemas propietarios, que asfixian con sus licencias a las economías locales y no permiten su mejora por parte de terceros al negar el acceso a sus códigos fuente?

Existen varias explicaciones. En primer lugar está la mera costumbre. Millones de personas en el mundo están habituadas al uso diario de Microsoft Windows que, a menudo, viene preinstalado en sus equipos caseros. A muchos niños les educan desde pequeños en las aulas de informática con un ordenador con Windows, de modo que no aprenden exactamente informática sino más bien a desenvolverse dentro de ese sistema operativo. Otro importante obstáculo para la expansión de los sistemas libres es la enorme difusión de los programas pirateados: si cada empresa y usuario particular tuviera que pagar las licencias de todos los programas propietarios pirateados que utilizan, la expansión del software libre aumentaría enormemente.

No obstante, la transición de los sistemas propietarios al software libre es perfectamente factible. Sin ir más lejos, Greenpeace lleva ya un año utilizando software libre en el 98% de sus equipos informáticos. LDNM ha hablado con Manu Campos, responsable de informática de esta organización, acerca de su proceso de migración.



El pasado 10 de febrero se cumplió un año desde que se hizo pública la migración de los sistemas de Greenpeace España al software libre. ¿Cómo valorarías este tiempo transcurrido?
Muy positivamente. Desde un punto de vista práctico, a pesar de que ha habido algunas dificultades, ninguna ha sido insalvable, y hemos tenido muchas mejoras: ausencia de virus, de licencias, muchas facilidades para administrar los ordenadores en remoto, etc. Actualmente, pensamos que sería muy interesante apostar por desarrollos libres llevados a cabo entre varias organizaciones. Por ejemplo, desarrollar una aplicación de gestión libre aportando recursos en común sería mucho más eficiente, rápido y cooperativo que desarrollar una aplicación a medida para cada una. Además, facilitaría que otras organizaciones aprovecharan ese trabajo.

Ubuntu es una distribución de Linux de tipo escritorio basada en Debian. ¿Por qué elegisteis Ubuntu? ¿Estaba el personal técnico capacitado para administrar sistemas de software libre o ha habido necesidad de formación extra?
Desde el principio estábamos interesados en Debian, por su modelo libre de intereses comerciales y su Contrato Social. Además, Ubuntu nos ahorraba mucho tiempo en las instalaciones y nos permitía tener las últimas versiones de las aplicaciones de escritorio mucho antes. Todos los servidores funcionaban con Debian desde hacía varios años, así que el personal técnico estaba preparado para el cambio.



¿Fue difícil convencer a las altas esferas, generalmente poco familiarizadas con los aspectos técnicos, para llevar a cabo el proyecto? ¿Es una iniciativa local o se está desarrollando en otros lugares?
A nivel mundial, en Greenpeace siempre ha habido un gran interés por el software libre y se ha intentado utilizarlo siempre que ha sido posible. La infraestructura actual de la red y los servidores funcionan desde hace muchos años en GNU/Linux. En la Web, usamos el gestor de contenidos Planet 2 basado en OpenAcs (software libre), y Greenpeace Internacional está desarrollando una intranet con RubyOnRails (más software libre). El gran paso que quedaba por dar era el escritorio de los usuarios. Casi todas las oficinas de Greenpeace están planeando dar ese paso o tienen interés en hacerlo. En nuestro caso –Greenpeace España– estaba planificado desde 2003.

¿Cómo resultó el proceso para los usuarios? ¿Es la migración tan traumática para ellos como suele presuponerse?
Como no tenemos muchos recursos para dar soporte, intentamos hacer la migración lo más suave posible para los usuarios. El primer cambio fue pasar de Microsoft Outlook a Mozilla Thunderbird, así como de Microsoft Internet Explorer a Mozilla Firefox, y fue un cambio muy sencillo. Después pasamos de Microsoft Office a OpenOffice. Este fue el cambio más difícil. Hicimos unos cursos de formación, para que la gente le pudiera sacar más provecho a las nuevas herramientas. El último paso, cambiar el escritorio, fue más suave. El paso del entorno de escritorio de Windows a Gnome (entorno gráfico propio de Ubuntu) es bastante sencillo, la gente se manejaba sin problemas.


¿Por qué resultó más difícil para los usuarios el cambio a OpenOffice?
Hay dos causas principales. La primera: prácticamente todo el mundo usa Microsoft Office, con lo cual muchas veces hay que enviar documentos en estos formatos para que organismos externos a Greenpeace puedan utilizar estos documentos. Además, a veces hay problemas usando los formatos propietarios de Microsoft desde OpenOffice, aunque la versión 2.0 de esta última ha mejorado mucho los filtros de conversión de unos formatos a otros. La segunda es que había bastantes usuarios con conocimientos avanzados de MS Office que hacían un uso extensivo de muchas de sus funciones (macros, combinar correspondencia, etc.). Para estos usuarios fue más duro.

¿Qué formatos utilizáis para el intercambio de documentos digitales con la prensa o con otras organizaciones?
Intentamos en la medida de lo posible usar formatos abiertos, como PDF o RTF pero, lamentablemente, muchas veces necesitamos usar formatos de Microsoft (DOC, XLS, etc.) para que puedan trabajar con documentos que nosotros les enviamos.



¿Para cuándo licencias Creative Commons en los sitios web y en las publicaciones escritas de Greenpeace?
De momento estamos teniendo un debate interno para ver cómo llevarlo a cabo. (risas)

Hay ciertos tipos de aplicaciones en las empresas, como las orientadas a temas de contabilidad y nóminas y las que interactúan con la administración pública, que dificultan o hacen imposible la migración a software libre de los equipos implicados. ¿Cómo habéis solucionado este problema?
Ese problema no sólo se da con ese tipo de aplicaciones, sino también con páginas web que no cumplen los estándares y que solamente funcionan bien si utilizas Microsoft Explorer, así como con los formatos propietarios de Microsoft (documentos de Office, por ejemplo), y con pequeñas aplicaciones muy específicas de las que no encontramos ninguna versión equivalente en software libre. La solución que escogimos fue montar un servidor Windows con Terminal Server. Así, los usuarios iniciaban desde su sistema en Linux una sesión remota en el servidor Windows, donde pueden trabajar con la aplicación de contabilidad, o cualquier otra cosa que no puedan hacer desde GNU/Linux.

¿Cómo interpretas el hecho de que la gran mayoría de las ONG continúen utilizando sistemas propietarios?
Creo que es necesaria una reflexión dentro de estos ámbitos sobre las implicaciones que tiene el uso de software libre, para que se deje de ver como algo solamente técnico o económico. El acceso a la información, la transmisión del conocimiento, la libertad de poder modificar o adaptar las aplicaciones que uses, los modelos cooperativos de trabajo subyacentes y las posibilidades que permiten, la seguridad y confianza que ofrece saber que el código fuente de las aplicaciones está disponible y que puedes saber lo que ejecutas en los ordenadores y los servidores, la no dependencia de monopolios, son todos ellos factores que deberían de tener un peso más importante dentro de este tipo de organizaciones.

www.greenpeace.es
www.ubuntulinux.com
www.debian.org/social_contract


Brasil y Múnich:
¿dos grandes fiascos?
El programa electoral del presidente brasileño Lula da Silva asombró al mundo al hacer mención al software libre como una de las principales prioridades de su proyecto educativo nacional. Pocos años después, las luchas internas en su partido y las presiones de los lobbies informáticos, han dado al traste con el proyecto. Microsoft creó una versión especial reducida de su sistema operativo XP, que le permitió llevarse una importante tajada en contratos públicos en varios estados brasileños.

El caso de Múnich ha sido el más sonado de los últimos tiempos en Europa. El consistorio de esta ciudad anunció en 2003 su intención de migrar 14.000 escritorios, sitos en las oficinas municipales, de Windows NT a Suse, una distribución de software libre alemana basada en GNU/Linux. La noticia resultó tan explosiva que el propio Steve Ballmer, vicepresidente ejecutivo de Microsoft, abandonó sus vacaciones de esquí en Suiza para visitar a los responsables de tal decisión, llegando a ofrecerles una rebaja de un 90% en las nuevas licencias que adquirieran. A día de hoy, el proyecto permanece en “fase de estudio”. Según Peter Hoffman, responsable del plan, “la implantación no podrá hacerse realidad hasta mediados de 2006 tras el correspondiente programa piloto”.

Otro curioso ejemplo del difícil camino que aún ha de recorrer el software libre en las administraciones públicas, lo proporciona la localidad alemana de Schwäbisch, donde el responsable de tecnología del Ayuntamiento, Horst Bräuner, tuvo la feliz idea de consultar a los empleados municipales sobre sus dudas y opiniones antes de llevar a cabo una posible migración en las cuatrocientas estaciones de trabajo que manejaban. Básicamente, los tres principales temores de los funcionarios eran los siguientes: a) “que Linux formara parte de un plan para vigilar sus correos electrónicos”; b) “que con Linux dejaran de funcionar los CD que regalan las revistas de aficionados a la informática”, y c) “que en Linux no funcionaran los videojuegos que tenían instalados en sus ordenadores” (¡!).


Las distribuciones “autonómicas” de GNU/Linux
En Extremadura (la pionera en el Estado) se llama Linex. Guadalinex en Andalucía, Molinux en Castilla-La Mancha, Lliurex en la Comunidad Valenciana, Melinux en Melilla, MaX en Madrid, Catix en Cataluña, Augustux en Zaragoza. En el País Vasco acaban de estrenar su EusLinux... Son distribuciones de GNU/Linux en su mayor parte basadas en Debian y personalizadas para adecuarlas a personajes, monumentos, lenguas y hechos culturales locales. En general, estos proyectos han sido bien recibidos, como un esfuerzo por dotar a los centros públicos de herramientas informáticas eficaces que evitan dilapidar los fondos públicos en leoninas licencias de software.

Sin embargo, no todo son parabienes. Según Alberto Abella, coordinador del Segundo libro blanco sobre el software libre, “por desgracia, lo que comenzó como una iniciativa coordinada se ha disgregado y básicamente cada comunidad autónoma, ayuntamiento, universidad... va por libre”. Muchos critican la falta de un plan serio de implantación, formación y seguimiento de estas distribuciones.

Aún así, lo cierto es que hasta hace pocos años nadie hablaba de software libre en las corporaciones locales y autonómicas, mientras que en la actualidad, las distros autonómicas van conquistando terreno poco a poco, tanto en las aulas de informática como en los domicilios particulares de profesores y alumnos. Instituciones como la castellano-manchega Fundación Ínsula Barataria está dando cursos de formación al profesorado sobre Molinux 2.0 Sancho, que, según dicen, “continúa con la filosofía comprometida de acercar a los ciudadanos y empresas de Castilla-La Mancha un completo paquete informático de forma gratuita con el objetivo de democratizar el uso de las nuevas tecnologías”.

www.guadalinex.org
www.linex.org
www.lliurex.net
www.educa.madrid.org/web/madrid_linux
www.catix.org
www.molinux.info
www.zaralinux.org/proy/augustux
www.melilla.es/solime
http://drupal.euskalgnu.org/node/172
www.ibarataria.org

miércoles, 10 de agosto de 2011

Desconectar o no desconectar


Todos deseamos la llegada de las vacaciones. Tiempo para descansar, recrearse y desconectar completamente... Bueno, depende.



Difícil tienen emprendedores y autónomos el desconectar de su negocio. No ya el tiempo de las vacaciones (si es que las tienen), sino un sólo minuto del día y quizá hasta los de su sueño. Otra cosa son los trabajadores asalariados. Trabajan ciertas horas a cambio de un sueldo y ese es el trato. Una vez se ficha la salida, el trabajo queda atrás, y hasta la hora de entrada al día siguiente, el tiempo es para el trabajador. Salvo casos de gente muy endeudada o con algún tipo de problema particular, si la empresa donde trabaja quebrara, se inundara o se consumiera en llamas, y tuviera que cerrar, el mayor problema sería, quizá, buscar un nuevo trabajo (ciertamente esto es mucho más difícil últimamente).

Pero ¿qué ocurre cuando el trabajador, siendo asalariado, ocupa un puesto de los llamados ejecutivos, de dirección de equipo o gestionando un sistema? En este caso, el trabajador es una especie de emprendedor o autónomo dentro de su empresa. No ficha, no tiene hora fija de entrada ni de salida. A veces se lleva trabajo a casa buscando la tranquilidad y la concentración del hogar, libre de sonidos de teléfonos, faxes, conversaciones, tráfico y otras distracciones. Además, si no hablamos de gente con contratos blindados o funcionarios acomodados, deberán innovar desde su puesto, buscando nuevas vías de expansión, mejora, ahorro u organización de su departamento, área o negociado. Y ya sabemos que la visita de las musas ocurre en los momentos más insospechados: en la ducha, haciendo buceo, en un tren... Es como que a la inspiración le cuesta trabajo entrar en la oficina. Te susurra las cosas fuera y las intentas llevar a cabo dentro.

Por otro lado, quién no ha vuelto de vacaciones y se ha encontrado el típico marronazo sobre la mesa, muchas veces debido a no haber estado el día que se tuvo que tomar cierta decisión que sólo tú puedes tomar. O ves como gente de tu confianza ha metido gravemente la pata por no haber podido contrastar ciertos temas para llegar a una solución brainstormineada.


Las nuevas tecnologías brindan la oportunidad a este tipo de trabajadores de seguir conectados en vacaciones sin realmente estar trabajando. ¿Dónde está el límite? Bien, la cabeza de cada uno ha de hallar la frontera entre lo que es echar un ojo a los asuntos para que no se vayan de madre y estar pringando realmente en vacaciones. Es un tema que requiere cierta práctica y mentalidad abierta. Saber buscar momentos en el día para revisar cosas sin que te afecten a ti ni a las personas que comparten contigo las vacaciones, es fundamental. Si alguien se pone con cara de pocos amigos a revisar el correo electrónico con su portátil en mitad de un desayuno familiar en la playa, está comprando todas las papeletas para arruinar esas vacaciones costeras que tanto se deseaban. Si esta situación es usual, una de dos: o se hace porque se quiere (gente que sólo disfruta con el trabajo) o se hace porque no se puede no hacerlo (se te ha ido de las manos y no sabes controlarlo).



Todo lo que sea a través de smartphone, mejor. Es discreto, rápido, silencioso, se puede revisar casi cualquier cosa e incluso dar contestación y salida a temas que quedarían estancados de no atenderlos a tiempo. En la cola del súper, mientras se cuece la pasta, en la sobremesa previa a la siesta, cuando paseas al perro... Hay muchos momentos para hacerlo sin interrumpir tu vida privada. Sólo en casos más graves, que requieran gran atención, tiraremos de portátil (redacción de documentos, visionado de ficheros de cierta complejidad). El despliegue que supone abrir un portátil, conectarlo a la red, que tu familia o amigos te vean "plantar el chiringuito", el cambio de gesto en tu cara... es algo que realizaremos como última opción. Hoy día se puede hacer casi cualquier cosa desde un móvil, incluso administrar sistemas (SSH, Logmein, etc.).



Los susurros de las musas de la inspiración no hay que dejarlos desvanecerse. Tomar unas notas escritas o de voz en el propio smartphone será suficiente para no perder esas ideas que quizá dos o tres semanas más tarde ya no recuerdes o al menos no las veas tan claras como en el momento que aparecieron en tu cabeza. Si esas ideas las puede llevar a cabo alguien de tu confianza, no lo dudes: redacta correo y envía. Cuando vuelvas de las vacaciones, seguramente esa gran idea ya esté dando sus frutos.



Y ojo a los cacharros que te llevas. Un tablet es cómodo y resultón, pero en situaciones muy críticas, hay un abismo con el servicio que un portátil te puede dar. Y si no, que se lo pregunten a Ricardo Galli y su affaire veraniego con las caídas de los servidores de Amazon.

Si tu trabajo consiste en que otras personas puedan estar conectadas durante sus vacaciones, mucho ojo al consumo de datos en itinerancia. Educa a tus "itinerantes" sobre el uso adecuado de las redes y el gran costo económico que tienen. Y enséñales a que lo primero que deben pedir en un hotel, antes que las vistas al mar, es la clave de la Wi-Fi. Si a la vuelta de las vacaciones hay enormes facturas de datos en roaming, no te quepa duda de que el gradiente de culpabilidad apuntará directamente a ti.

En definitiva, desconectar en vacaciones, para ciertos puestos y trabajos, no, al menos no del todo. Mejor distanciarse. Tomar perspectiva, dejar la mente abierta y el móvil encendido. Bueno, no siempre, ya me entendéis.

lunes, 8 de agosto de 2011

Google+ y las fotos de tu móvil



Una de las características que más parece fastidiar a la gente nueva en Google+ es que, por defecto, las fotos hechas con tu móvil conectado a Internet (y con la aplicación Google+ instalada) acaban subiéndose automáticamente a los servidores de Google.

Cuando el usuario descubre esto, normalmente curioseando por el sitio haciendo clic aquí y allá (concretamente en Fotos > Ver todos los álbumes > Fotos desde tu celular) suele generar un gran susto del estilo "dios, las fotos de mi última borrachera publicadas en Intenet", o "vaya, ahora todos van a saber cómo es mi novia en determinada situación". Lo cierto es que esto, lejos de ser un inconveniente, es realmente una herramienta enormemente cómoda y segura, si es manejada con diligencia.



Los aficionados a la fotografía me entenderán enseguida. Atrás quedaron los viejos tiempos de cargar (literalmente) con la Nikon F-70 de carrete y objetivo Tamron 28-200 colgando penosamente del cuello para hacerte cuatro fotos en el Monasterio de Piedra. Fotos maravillosas a cambio de dolor de espalda y pastizal en revelados.

El paso a digital quitó la mitad del peso a las réflex (sí, el glamour también, lo sé). La Canon EOS 300D era mucho más manejable y ligera, pero date una vuelta por el monte y acabará siendo un trasto insufrible en las primeras rampas.

Por fin llegaron las compactas de gran definición. tamaño reducido, poco peso, megapíxeles por un tubo. Parecía el paso definitivo. Al fin teníamos la máquina perfecta, ya quisiéramos hacer fotos artísticas, de viaje, de juergas, o lo que fuera. Pero no.


Los móviles con cámaras de gran calidad y grabación de vídeo, incluso en HD, han dado la puntilla a la cámara fotográfica tradicional, cualquiera que sea. Llevar todo en un sólo aparato es algo tan, tan cómodo que es difícil resistirse a perder algo de calidad para ganar mucho en comodidad, máxime cuando la gran mayoría de las fotos que se suelen hacer son de "testimonio" más que de "exposición".

Y esto es algo que en Google han comprendido muy bien. Hoy día hacemos todas las fotos, prácticamente, con el móvil. Y quizá lo más pesado sea sacarlas de él. ¿Me las envío por correo a mí mismo? ¿Saco la microtarjeta, le pongo el adaptador y la pincho al PC? ¿Las paso por bluetooth? Todo llega a ser una molestia y a dar pereza. Pero ¿y si tenemos un backup de todas las fotos del móvil disponible en la web para desde ahí hacer lo que queramos?

Google+ sube las fotos que vas haciendo y las reúne por fechas, con permisos sólo para ti. Luego tú puedes compartir las que elijas con la gente que quieras, enviar otras por correo, descargarte unas cuantas para editarlas, etc. Y todo aunque no tengas en móvil contigo: estarán en la red. ¿Has perdido el móvil, te lo han robado, se te cayó anoche en el inodoro de aquél garito infame? Tus fotos siguen en Google+.


Además la subida es configurable. Puedes optar por subir fotos sólo cuando estés con wi-fi, o cuando estés cargando la batería, o ambas cosas, o ninguna.

Para hacer de reportero no tiene precio, las fotos se irán subiendo según las vayas haciendo. Pero siempre con precaución, no sea que acabes siendo otro #periodistadetenido.

viernes, 5 de agosto de 2011

¡Es la guerra!


- Norteamericanos: Por favor, cambien su curso 15 grados al norte a fin de evitar colisión.
- Canadienses: Recomendamos que usted cambie su curso 15 grados al sur a fin de evitar colisión.
- Norteamericanos: Les habla el capitán de un buque de la armada de Estados Unidos. Repito: cambien su curso.
- Canadienses: No, repetimos: ustedes deben cambiar su curso.
- Norteamericanos: Este es el portaaviones USS Abraham Lincoln, el segundo buque en tamaño de los Estados Unidos de América en el Atlántico. Nos acompañan tres destructores, tres cruceros y numerosos buques de apoyo. Exijo que usted cambie su curso 15 grados al norte, o tomaremos medidas para garantizar la seguridad de este buque.
- Canadienses: Esto es un faro, ustedes deciden.

Esta es una de las delirantes anécdotas recogidas en el libro ¡Es la guerra!, de Jesús Hernández, que trata sobre los sucesos absurdos y tragicómicos acontecidos en la la larga tradición humana de matarnos unos a otros llamada guerra.

Desde Grecia y Roma hasta las guerras del Golfo, pasando por los vikingos, la India o las guerras mundiales, todos los conflictos están acribillados de sucesos ridículos, patéticos y asombrosos por absurdos, que poco tienen que ver con el aura épica que suele envolverles.

Guerras producidas por un partido de fútbol, soldados que luchan descalzos o que les llegan madalenas en lugar de munición son algunas de los disparates que encontraremos en este entretenido libro que nos hará reír (por no llorar), y que se lee de un tirón.