miércoles, 10 de agosto de 2011

Desconectar o no desconectar


Todos deseamos la llegada de las vacaciones. Tiempo para descansar, recrearse y desconectar completamente... Bueno, depende.



Difícil tienen emprendedores y autónomos el desconectar de su negocio. No ya el tiempo de las vacaciones (si es que las tienen), sino un sólo minuto del día y quizá hasta los de su sueño. Otra cosa son los trabajadores asalariados. Trabajan ciertas horas a cambio de un sueldo y ese es el trato. Una vez se ficha la salida, el trabajo queda atrás, y hasta la hora de entrada al día siguiente, el tiempo es para el trabajador. Salvo casos de gente muy endeudada o con algún tipo de problema particular, si la empresa donde trabaja quebrara, se inundara o se consumiera en llamas, y tuviera que cerrar, el mayor problema sería, quizá, buscar un nuevo trabajo (ciertamente esto es mucho más difícil últimamente).

Pero ¿qué ocurre cuando el trabajador, siendo asalariado, ocupa un puesto de los llamados ejecutivos, de dirección de equipo o gestionando un sistema? En este caso, el trabajador es una especie de emprendedor o autónomo dentro de su empresa. No ficha, no tiene hora fija de entrada ni de salida. A veces se lleva trabajo a casa buscando la tranquilidad y la concentración del hogar, libre de sonidos de teléfonos, faxes, conversaciones, tráfico y otras distracciones. Además, si no hablamos de gente con contratos blindados o funcionarios acomodados, deberán innovar desde su puesto, buscando nuevas vías de expansión, mejora, ahorro u organización de su departamento, área o negociado. Y ya sabemos que la visita de las musas ocurre en los momentos más insospechados: en la ducha, haciendo buceo, en un tren... Es como que a la inspiración le cuesta trabajo entrar en la oficina. Te susurra las cosas fuera y las intentas llevar a cabo dentro.

Por otro lado, quién no ha vuelto de vacaciones y se ha encontrado el típico marronazo sobre la mesa, muchas veces debido a no haber estado el día que se tuvo que tomar cierta decisión que sólo tú puedes tomar. O ves como gente de tu confianza ha metido gravemente la pata por no haber podido contrastar ciertos temas para llegar a una solución brainstormineada.


Las nuevas tecnologías brindan la oportunidad a este tipo de trabajadores de seguir conectados en vacaciones sin realmente estar trabajando. ¿Dónde está el límite? Bien, la cabeza de cada uno ha de hallar la frontera entre lo que es echar un ojo a los asuntos para que no se vayan de madre y estar pringando realmente en vacaciones. Es un tema que requiere cierta práctica y mentalidad abierta. Saber buscar momentos en el día para revisar cosas sin que te afecten a ti ni a las personas que comparten contigo las vacaciones, es fundamental. Si alguien se pone con cara de pocos amigos a revisar el correo electrónico con su portátil en mitad de un desayuno familiar en la playa, está comprando todas las papeletas para arruinar esas vacaciones costeras que tanto se deseaban. Si esta situación es usual, una de dos: o se hace porque se quiere (gente que sólo disfruta con el trabajo) o se hace porque no se puede no hacerlo (se te ha ido de las manos y no sabes controlarlo).



Todo lo que sea a través de smartphone, mejor. Es discreto, rápido, silencioso, se puede revisar casi cualquier cosa e incluso dar contestación y salida a temas que quedarían estancados de no atenderlos a tiempo. En la cola del súper, mientras se cuece la pasta, en la sobremesa previa a la siesta, cuando paseas al perro... Hay muchos momentos para hacerlo sin interrumpir tu vida privada. Sólo en casos más graves, que requieran gran atención, tiraremos de portátil (redacción de documentos, visionado de ficheros de cierta complejidad). El despliegue que supone abrir un portátil, conectarlo a la red, que tu familia o amigos te vean "plantar el chiringuito", el cambio de gesto en tu cara... es algo que realizaremos como última opción. Hoy día se puede hacer casi cualquier cosa desde un móvil, incluso administrar sistemas (SSH, Logmein, etc.).



Los susurros de las musas de la inspiración no hay que dejarlos desvanecerse. Tomar unas notas escritas o de voz en el propio smartphone será suficiente para no perder esas ideas que quizá dos o tres semanas más tarde ya no recuerdes o al menos no las veas tan claras como en el momento que aparecieron en tu cabeza. Si esas ideas las puede llevar a cabo alguien de tu confianza, no lo dudes: redacta correo y envía. Cuando vuelvas de las vacaciones, seguramente esa gran idea ya esté dando sus frutos.



Y ojo a los cacharros que te llevas. Un tablet es cómodo y resultón, pero en situaciones muy críticas, hay un abismo con el servicio que un portátil te puede dar. Y si no, que se lo pregunten a Ricardo Galli y su affaire veraniego con las caídas de los servidores de Amazon.

Si tu trabajo consiste en que otras personas puedan estar conectadas durante sus vacaciones, mucho ojo al consumo de datos en itinerancia. Educa a tus "itinerantes" sobre el uso adecuado de las redes y el gran costo económico que tienen. Y enséñales a que lo primero que deben pedir en un hotel, antes que las vistas al mar, es la clave de la Wi-Fi. Si a la vuelta de las vacaciones hay enormes facturas de datos en roaming, no te quepa duda de que el gradiente de culpabilidad apuntará directamente a ti.

En definitiva, desconectar en vacaciones, para ciertos puestos y trabajos, no, al menos no del todo. Mejor distanciarse. Tomar perspectiva, dejar la mente abierta y el móvil encendido. Bueno, no siempre, ya me entendéis.

1 comentario:

  1. Molt interesant, pero sigo pensando que la mejor manera de desconectar es eso, desconectando.

    ResponderEliminar