miércoles, 15 de enero de 2014

En mares salvajes con Mr. Martin

Se hace raro leer un libro de Javier Reverte lleno de descripciones del frío, la nieve o el viento. Acostumbrados como estamos a leerle en sus andanzas por África, Centroamérica o el Mediterráneo y la calidez de sus paisajes y sus paisanajes, uno se acerca a este libro con cierta precaución y no poco escepticismo. Ya le leímos en sus correrías por los territorios del Yukón en El río de la luz con un punto de extrañeza por la elevada latitud geográfica de su relato, aunque aquéllo no dejaba de ser su habitual re-recorrido de grandes exploradores de la historia por los caminos del mundo.


Porque el estilo de Javier Reverte (Javier Martín Reverte, en realidad, de ahí que se haga llamar Mr. Martin cuando va de viaje por el mundo) es claro y efectivo. En sus libros mezcla, de forma habilidosa y con gran efectividad, relatos históricos con relatos sobre sus propias andanzas. Primero te inocula el veneno de las épicas historias de grandes exploradores cometiendo todo tipo de locuras por el mundo, y luego te pone el antídoto contándote su propia experiencia en el terreno con su clásico estilo amable, burlón y franco.

Pierdo la cuenta de cuántos libros he leído de este autor y cuántos mapas, carreteras, bares, transportes, paisanos, hazañas y sucesos variopintos y asombrosos he vivido recorriendo las páginas de sus obras. Todo empezó hace más de quince años cuando escuché una entrevista hecha al autor en el estupendo programa de Radio 3 La ciudad invisible. Hablaba sobre su reciente libro Vagabundo en África, y desde entonces, he ido llenando una balda completa en mi biblioteca con sus obras.

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